Todos navegábamos en la abundancia y nadie se imaginaba un final como el que tenemos. Todos corríamos a por nuestra parte de pastel, y cuanto más grande mejor.
El gobierno, principal culpable de toda la situación, no impuso ni creó las reglas necesarias para controlar y coordinar todo este éxtasis de crecimiento, los bancos, libres de control y normas, daban crédito a todo aquel que respiraba, nos daban balones de oxígeno con fecha de caducidad, las empresas aprovechaban el tirón y cualquier crecimiento era poco, y el pueblo enloquecía de alegría danzando al son de la economía
domingo, 4 de septiembre de 2011
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